viernes, 10 de octubre de 2014

La importancia de la alimentación en el paciente sano y en los estilos de vida


Una gran proporción de enfermedades están relacionadas con nuestro comportamiento alimentario, pudiéndose prevenir introduciendo cambios en nuestra alimentación 

La alimentación, es decir lo que comemos (cómo, cuándo, dónde, con quién y con qué frecuencia) es un proceso complejo en el que intervienen multitud de factores. Alimentarse bien es uno de los caminos más fiables para proteger y mejorar la salud. La nutrición ha jugado y juega un importante papel en nuestra vida, incluso antes del nacimiento.

La Dra. Marisa López Díaz-Ufano, coordinadora  del Grupo de Trabajo de Nutrición de Semergen, nos explica la importancia de una buena alimentación para prevenir enfermedades y mejorar nuestra salud.

¿Hay alimentos buenos o malos?

No. Hay dietas equilibradas o no bien equilibradas. La variedad de la alimentación es la mejor garantía de equilibrio nutricional. La mayoría de los alimentos son mezclas complejas de nutrientes en calidad y cantidad.

Se debe diferenciar entre alimentación (proceso mediante el cual tomamos del mundo exterior una serie de sustancias que aportan materiales que cumplen una función nutritiva en el organismo), nutrición (conjunto de procesos mediante los cuales el humano ingiere, absorbe, transforma y utiliza las sustancias que se encuentran en los alimentos; con el objetivo de suministrar energía para el organismo, aportar materiales para la formación, crecimiento y reparación de las estructuras corporales, suministrar los elementos necesarios para regular los procesos metabólicos y reducir el riesgo de algunas enfermedades) y dieta (conjunto y cantidades de alimentos o mezclas que se consumen habitualmente, aunque también puede hacer referencia al régimen que en determinadas circunstancias realizan personas no sanas).

¿Cómo influye la alimentación en la salud?

Existen múltiples estudios epidemiológicos que relacionan la dieta y las enfermedades crónicas, tales como: la ateroesclerosis, hipertensión, obesidad, diabetes mellitus tipo 2, osteoporosis, caries, ciertos tipos de cánceres, y algunas enfermedades hepatobiliares.

Una gran proporción de enfermedades e incluso muertes están relacionadas con nuestro comportamiento alimentario, pudiéndose prevenir introduciendo cambios en nuestra alimentación.

Aunque no es posible, actualmente, el  ponderar individualmente la importancia de los factores genéticos, los conocimientos actuales apoyan la hipótesis de que es en la edad pediátrica cuando hay que iniciar las medidas que permitan disminuir la incidencia en el adulto  de las enfermedades crónicas.

¿Cuál es el peso de la alimentación en la prevención de la enfermedad?

Como ya he dicho anteriormente, una buena alimentación puede, en muchos casos evitar, retrasar o paliar los efectos de algunas enfermedades, tales como:

-Ateroesclerosis: Como su inicio es en la infancia se debe recomendar desde edades tempranas un aporte calórico suficiente que asegure el crecimiento y desarrollo adecuado y potenciar el ejercicio.

-Hipertensión arterial: Entre el 1 y el 3% de los niños mayores de 10 años son hipertensos (hipertensión esencial). En la mayoría de los casos tienen sobrepeso u obesidad.

-Obesidad, exceso de grasa corporal: Actualmente se sabe que la evolución de la obesidad infantojuvenil a obesidad en la edad adulta es común.

-Diabetes Mellitus tipo 2: La resistencia corporal a las acciones de la insulina conlleva a la hiperproducción de esta hormona en el páncreas, lo que se denomina síndrome de resistencia a la insulina, clásicamente llamada Diabetes Mellitus tipo 2 y que sólo ocurría en adultos. Hoy en día se sabe que también tiene lugar en la edad pediátrica.

-Osteoporosis: El pico de masa ósea se define como la cantidad de tejido óseo presente al terminar la maduración esquelética, poco después de terminada la pubertad, el cual va a permanecer estable hasta la tercera década de la vida, periodo en que comienza su pérdida. Por esto, se considera que la prevención de la osteoporosis se debe realizar desde la infancia. Entre los factores nutricionales el más importante es el calcio, siendo necesario un consumo óptimo para maximizar el pico de masa ósea. Por otro lado, también es fundamental la vitamina D, siendo necesario su presencia para la absorción del calcio de la alimentación.

-Cáncer: Diversos estudios epidemiológicos han demostrado que hasta un tercio del total de la mortalidad por cáncer está relacionada con determinados factores alimentarios (cáncer de esófago: consumo de alcohol; cáncer de estómago: alimentos conservados en sal; cáncer de colon: cantidad de grasa y de fibra ingerida; cáncer de hígado: alimentos contaminados con aflatoxinas; etc.)

Un tercio del total de las defunciones acaecidas en España se deben a las enfermedades cardiovasculares (ateroesclerosis, hipertensión, obesidad, diabetes tipo 2). Los nutrientes de la alimentación influyen en la salud cardiovascular. En general, los ácidos grasos saturados elevan la colesterolemia total y el LDLc (colesterol malo); las grasas trans son aún más aterogénicas (elevan el LDLc y reducen el HDLc (colesterol bueno). Por otro lado, el consumo de ácidos grasos monosaturados (omega 3), asociado a folatos y a fibra se ha asociado a disminución de la tasa de mortalidad en enfermedades cardiovasculares. Y por último, no olvidar, que el consumo elevado de sodio se asocia con una mayor incidencia de hipertensión arterial.

¿Qué entendemos por dieta mediterránea?

Es un estilo de vida, no sólo un patrón alimentario, que va unido a la práctica de ejercicio físico moderado acorde a edad  y situación fisiológica.

El término de dieta mediterránea no se refiere a la dieta que se realiza en un país determinado. La dieta mediterránea se caracteriza por:

-Consumo de aceite de oliva como grasa culinaria, por lo tanto consumo elevado de ácidos grasos monoinsaturados.

-Consumo de frutas y verduras (cinco raciones al día).

-Consumo de cereales, legumbres y frutos secos.

-Consumo elevado de pescado (pescado azul dos raciones a la semana).

-Consumo bajo de carnes y derivados cárnicos.

-Consumo bajo de sal (máximo de5 gramosde sal por adulto y día).

-Consumo moderado de lácteos.

-Consumo moderado de vino.

¿Cómo influye el ejercicio físico en nuestra salud?

El ejercicio físico realizado regularmente también produce una mayor sensación de bienestar general. Mejora la autoestima, controla la ansiedad y disminuye el estrés. También estimula la formación ósea e inhibe la pérdida de hueso, disminuye el riesgo de padecer enfermedades degenerativas, y además facilita el gasto de energía, por tanto, ayuda a la reducción de peso previniendo la aparición de enfermedades crónicas como: la ateroesclerosis,  la hipertensión, la obesidad, la diabetes mellitus tipo 2 y la osteoporosis.

¿Condiciona la forma de alimentación el proceso de envejecimiento?

Tradicionalmente se incide en la idea que una alimentación adecuada a lo largo de nuestra existencia lleva a una vida más longeva y saludable. En la etiología de muchas enfermedades neurodegenerativas, una alimentación inadecuada influye como factor principal o coadyuvante, lo que puede provocar que la persona mayor sufra de discapacidad proporcionándole una disminución en su calidad de vida.

No hay duda de que el aumento de la vida media en los países desarrollados puede explicarse por una serie de mejoras sanitarias, sociales, económicas y nutricionales. Existen estudios epidemiológicos, realizados durante un seguimiento de 10 años,  que indican que la adherencia a la dieta mediterránea, junto con un consumo moderado de vino, ausencia de tabaquismo y un nivel de actividad física moderado se asoció a bajos índices de mortalidad.

Via lavanguardia.com

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