miércoles, 10 de septiembre de 2014

El amigo imaginario de mi hijo ¿un fenómeno paranormal?


El amigo imaginario La primera vez que se lo vimos hacer cosas con el amigo imaginario, hace apenas un mes, con sus trece meses casi recién cumplidos, nos hizo gracia. La segunda vez, nos miramos su madre y yo con cierta sorpresa. Las siguientes, nosotros que somos aficionados a los programas de Iker Jiménez, empezamos a pensar en “fenómenos extraños”.

Porque nuestro hijo, últimamente, si está cenando o bebiendo del biberón, primero se lo ofrece a su madre, que está a su derecha, por ejemplo, luego a mí, que estoy frente a él, y acaba ofreciéndoselo al hueco que tiene a la izquierda, haciéndole el mismo gesto de invitación que nos hace a nosotros, enteramente como si hubiera alguien a quién ofrecérselo.

Como cada vez que nos pasa algo nuevo (o no tan nuevo) con nuestro hijo, me da por investigar y aunque esto, en realidad, pueda no tratarse de la existencia de un amigo imaginario a la tierna edad de los catorce meses de mi hijo, me gustó la idea de profundizar en este fenómeno que tantas veces hemos visto en la tele o del que hemos oído hablar.

A priori, parece que sea una costumbre de niños mayores, cuando su imaginación forma parte de sus hábitos de juegos e igual que se ven, seguro, en medio de un campo de batalla cuando dirigen su avión de juguete por el cielo de su habitación, pueden imaginarse un compañero con quién compartir sus impresiones del juego o de la vida, quién sabe. Sin ser médico, creo que una dosis justa con el amigo imaginario es hasta beneficiosa porque estimula la actividad mental e imaginativa de los pequeños. Eso sí, siempre que los alterne con “amigos de verdad”, lógicamente.

El amigo imaginario suele aparecer entre los dos y los seis años. Hay que verlos como un aliado que se busca el niño para “testar” situaciones de la realidad pero sin riesgo ya que el amigo imaginario seguro que no sufre ninguna consecuencia.

Para los padres no debe ser motivo de preocupación. Bueno, sólo en el caso de que llegue a ser obsesivo y, como he dicho antes, sólo tenga amigos/s imaginario/s. Si no se le prohíbe ni se le da excesiva importancia, podrá ser también nuestro aliado. Y lo será porque el niño, de la mano de su amigo imaginario, comprenderá y compartirá la necesidad de normas, desarrollará su imaginación y, por tanto, su capacidad mental, cuando dialoga con su amigo imaginario lo hace con él mismo y aprende a construir conversaciones con lo que de desarrollo de la lógica tiene eso… en definitiva, aunque no le veamos, su amigo imaginario nos está guiñando un ojo por el apoyo que nos da al desarrollo de nuestros hijos.

Via babymoon.es

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