viernes, 29 de marzo de 2013

La televisión y los videojuegos no son tan malos para los niños


Muy pocos padres permitirían que sus retoños se pasasen el día pegados a la pantalla de un televisor o del ordenador, aunque para muchos matrimonios sea la niñera más barata.

Que la caja tonta, haciendo gala a su nombre, perjudica el crecimiento intelectual de los pequeños es una idea popularmente compartida, así como el hecho de que exponerlos a contenidos violentos desde una temprana edad puede alterar su comportamiento y temperamento. Sin embargo, un estudio recién publicado en la revista científica Archives of Disease in Childhood parece desmentir todas las concepciones previas que existían sobre el tiempo que pueden pasar los niños ante el televisor, y presenta este aparato como mucho menos pernicioso de lo que se pensaba. 

El límite que muchos padres establecen para sus hijos suele rondar, por lo general, la hora frente al televisor. Pero la investigación realizada por un grupo de investigadores de la Public Health Sciences Unit en Glasgow (Escocia) ha señalado que aquellos niños que pasan más de tres horas viendo la televisión no muestran ninguna diferencia significativa respecto a los demás en lo que concierne a problemas emocionales como la hiperactividad.

El estudio, el más amplio de la historia en lo que concierne a este tema de todos los realizados en Reino Unido, ha utilizado como muestra a 11.000 niños de entre cinco y siete años residentes en las islas. Después de comparar sus hábitos de consumo de estos electrodomésticos son su estado mental dos años después de tomar las primeras muestras, llegaron a la conclusión de que los niños que veían más televisión sólo mostraban un 1,3% más de problemas de conducta a los siete años (como comportamientos violentos, desobediencia o inclinación al robo), un porcentaje muy inferior al esperado. En el caso de los videojuegos, no encontraron ninguna variación entre uno y otro grupo.

Inocuo para lo psicológico, pero no para otros problemas

La mayor parte de estudios americanos habían señalado efectos mucho mayores entre los adictos a la televisión. Uno de los problemas de este tipo de investigaciones, señalan los responsables de este último, es que los hogares con un menor nivel social tienden a consumir más televisión que los que gozan de un mayor nivel adquisitivo, por lo que resulta muy difícil distinguir entre los efectos que causa la televisión por sí sola de los que se relacionan con la condición social de los niños. Ha sido al ajustar este tipo de variables cuando los investigadores se han topado con su sorprendente conclusión.

“Al principio, vimos que ver más de tres horas de televisión al día se asociaba con un aumento de todos los problemas, pero esto desaparecía cuando ajustábamos otras influencias familiares”, señala una de las responsables del estudio, Alison Parkes, que señala que no se trata de una variación sorprendente. Ello lleva a los psicólogos a defender que “limitar la cantidad de tiempo que los niños pasan viendo la televisión, en sí mismo, es poco probable que contribuya a mejorar su ajuste psicosocial”. Que los hijos de las madres consultadas en el estudio dejasen a sus retoños ver la televisión o jugar a videojuegos dos horas al día era algo bastante frecuente, ya que dos tercios de estos niños pasaban entre una y tres horas frente a la pantalla de un ordenador o un televisor.

La conclusión, no obstante, no implica que haya que dejar que los niños vean toda la televisión que quieran, ya que este tipo de conductas sedentarias pueden tener consecuencias negativas en la salud, no únicamente en lo que tiene que ver con lo psicológico, sino también con lo físico, como ocurre con los casos de obesidad. La investigación sugiere que la televisión puede tener efectos positivos en la interacción social de los pequeños, pero que no existe evidencia suficiente para asegurarlo. La psicóloga social Sonia Livingstone afirmó que, aunque este nuevo estudio sugiere que no hay “causas para que cunda el pánico”, debe conducir a una nueva reflexión sobre la gran cantidad de tiempo que los niños pasan delante del televisor, ya que los resultados señalan que este número se encuentra en un crecimiento constante.

Sin embargo, los resultados de las investigaciones respecto al papel de la televisión siguen siendo muy dispares. A finales del pasado 2012, en las páginas de la misma revista científica, se publicaba otro estudio, también de origen británico, que alertaba ante los perjudiciales efectos que la televisión puede tener en el desarrollo de los niños. El autor, Aric Sigman, apelaba ante todo a la cantidad de tiempo que los niños pasan delante del televisor, y llegaba a asegurar que muchos niños de siete años habían pasado un año completo de sus vidas frente a la pequeña pantalla. ¿En qué se traducía esto? Sigman no lo explicaba, y simplemente consideraba el dato del tiempo como un factor de riesgo. Gran parte de la comunidad científica se opuso a dichas conclusiones.

Los beneficios de los videojuegos

Este estudio coincide en el tiempo con otros que señalan los efectos positivos para la salud ocasionados por los videojuegos. Aunque gran parte de la bibliografía se centra en aquello que puede resultar perjudicial para los pequeños, otros tantos estudios han investigado los beneficios que puede tener este tipo de juegos entre los más jóvenes. Para empezar, porque contribuyen a mejorar las habilidades motoras de los niños, como señaló un estudio realizado por la Universidad de Melbourne. Pero también porque pueden servir para adquirir una experiencia que puede ser aplicada en el mundo real. Un estudio realizado en la Universidad de Rochester, en Nueva York, señaló que aquellos niños que habían jugado a diversos simuladores mostraban una mayor resolución a la hora de tomar decisiones en su vida cotidiana.

Los videojuegos pueden aliviar el estrés y la depresión, al provocar a los que sufren estos problemas un estado de relajación. También pueden ser un bálsamo para el dolor, como señaló un estudio realizado por la Universidad de Washington con un grupo de enfermos. Los psicólogos utilizaron el juego Snow World en su investigación, y descubrieron cómo aquellos que habían disfrutado de él necesitaban una menor medicación durante su tratamiento. Así pues, quizá no debamos tener tanta prisa en apartar a nuestros hijos de la consola, y simplemente tengamos que valorar dónde situar los límites.

Via elconfidencial.com

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